Estado y la ley establecerá lo que estime oportuno para su defensa.
Artículo 35.
Nadie será obligado a prestar auxilios, sean de la clase que fueren, para los
ejércitos, ni a franquear su casa para alojamiento de militares, sino de
orden del magistrado civil según la ley, y recibirá de la República la indemnización
del perjuicio que en tales casos se le infiera.
Artículo 36.
Toda persona puede dedicarse al trabajo, cultivo, industria, comercio, profesión o
cualquier otra actividad lícita, salvo las limitaciones de interés
general que establezcan las leyes.
Artículo 37.
Es libre la entrada de toda persona en el territorio de la República, su permanencia
en él y su salida con sus bienes, observando las leyes y salvo
perjuicios de terceros.
La inmigración deberá ser reglamentada por la ley, pero en ningún caso el
inmigrante adolecerá de defectos físicos, mentales o morales que puedan
perjudicar a la sociedad.
Artículo 38.
Queda garantido el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este
derecho no podrá ser desconocido por ninguna autoridad de la
República sino en virtud de una ley, y solamente en cuanto se oponga a la salud, la
seguridad y el orden públicos.
Artículo 39.
Todas las personas tienen el derecho de asociarse, cualquiera sea el objeto que
persigan, siempre que no constituyan una asociación ilícita
declarada por la ley.
CAPITULO II
Artículo 40.
La familia es la base de nuestra sociedad. El Estado velará por su estabilidad moral y
material, para la mejor formación de los hijos dentro de la
sociedad.
Artículo 41.
El cuidado y educación de los hijos para que éstos alcancen su plena capacidad
corporal, intelectual y social, es un deber y un derecho de los
padres. Quienes tengan a su cargo numerosa prole tienen derecho a auxilios
compensatorios, siempre que los necesiten.
La ley dispondrá las medidas necesarias para que la infancia y juventud sean
protegidas contra el abandono corporal, intelectual o moral de sus
padres o tutores, así como contra la explotación y el abuso.