con unas condiciones mínimas de existencia; y (iii) el derecho a vivir sin
humillaciones, que se identifica con las limitaciones del poder de los demás.
Toda Constitución está llamada a regir en sociedades donde hay
necesariamente relaciones de poder muy diversas. No es posible que estas
relaciones se desarrollen de manera que el sujeto débil de la relación sea
degradado a la condición de mero objeto.
En cuanto a la relación de los derechos fundamentales a la honra y al buen
nombre con el principio de la dignidad humana, se ha señalado que “(…)
tratándose de la honra, la relación con la dignidad humana es estrecha, en la
medida en que involucra tanto la consideración de la persona (en su valor
propio), como la valoración de las conductas más íntimas (no cubiertas por
la intimidad personal y familiar). El buen nombre, por su parte, también tiene
una cercana relación con la dignidad humana, en la medida en que, al
referirse a la reputación, protege a la persona contra ataques que restrinjan
exclusivamente la proyección de la persona en el ámbito público o colectivo.”
Es por esta vía que los derechos al buen nombre y a la honra se erigen a su
vez como mecanismos que permiten garantizar el equilibrio y la paz social,
pues estipulan mínimos de respeto y consideración hacia aquellos aspectos
centrales relacionados con las esferas pública y privada del individuo. Sobra
por demás advertir que el derecho a la honra también se encuentra ligado de
manera estrecha al derecho a la intimidad, que a su vez es un límite jurídico
que la Constitución impone a la injerencia de terceras personas y el Estado en
determinadas esferas vitales que se encuentran por fuera del dominio público.
En el entorno social, la garantía del derecho a la honra y al buen nombre es un
prerrequisito para disfrutar de muchos otros derechos. Así, por ejemplo, tratos
oprobiosos o desobligantes que ofendan el buen crédito de una persona o
minen el respeto por su imagen, tienen la potencialidad de disminuir sus
oportunidades laborales, impidiéndole desarrollar un oficio o encontrar un
empleo acorde con sus capacidades. Es por tanto necesario que el
ordenamiento destine mecanismos de protección encaminados a garantizar
que no se afecten de forma desproporcionada o arbitraria estos derechos.
Sin embargo, es preciso referirnos al otro extremo de los derechos en tensión,
los derechos fundamentales a la libertad de expresión e información.
5. Libertades de expresión e información
5.1. El artículo 20 de la Constitución Política establece: “(s)e garantiza a toda
persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de
informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios
masivos de comunicación. Estos son libres y tienen responsabilidad social. Se
garantiza el derecho a la rectificación en condiciones de equidad. No habrá
censura.” Esta es la consagración normativa que la Carta hace de las
libertades de expresión, opinión, información, prensa, así como del derecho a
la rectificación en condiciones de equidad y de la prohibición de censura
previa.